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Respetemos el tiempo

Respetemos el tiempo

  • 3 noviembre, 2017
  • admin
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La puntualidad es una manifestación de cultura y de honorabilidad pues quien acude a cumplir sus compromisos como los convino está respetando a los demás.

El tiempo, en el mundo moderno, se ha limitado extraordinariamente; si bien existen una infinidad de artificios que nos ayudan en las tareas del diario vivir, también se han multiplicado significativamente los compromisos, haciendo que cobre vital importancia la regla que establece que el tiempo es oro.

Cuando se organiza una actividad y se hace disciplinadamente, los aspectos temporales cobran capital importancia y no cumplirlos a la hora prevista, puede hacer que se generen inconvenientes para nosotros mismos y para los demás.

Si acordamos hacer una reunión a las 8 y la misma tiene una eventual duración de una hora, esto nos permite establecer otro compromiso, verbi gracia, hora y 10 minutos más tarde pero cuando se da un tema de impuntualidad, los retardos afectan a todos, generándose una cascada de incumplimientos con los perjuicios que ello genera.

Por ejemplo, los viajes que se hacen se programan de acuerdo a los tiempos que se necesitan para las movilizaciones respectivas; si hay una demora en el medio de transporte por cualquiera que sea la causa, se inicia una cadena de incumplimientos que puede involucrar a muchas personas.

Las aerolíneas son excepcionalmente irrespetuosas en este sentido, porque para ellas parece que solamente corre su propio tiempo; los viajeros, que son la razón de su existencia, no cuentan y con ellos se puede hacer lo que les provoque sin que pase nada.

Los orientales han incorporado a su disciplina de vida la puntualidad; por eso son estrictamente exactos, no solo en sus citas sino en los compromisos adquiridos, mientras que nosotros no respetamos la palabra pero a cambio de ello tenemos mil excusas que justifican nuestros incumplimientos.

Reiteramos, la puntualidad es un valor social que debe aprenderse desde casa y debe reforzarse en la escuela; pero el común denominador en nuestro medio es que ni en la una ni en la otra se practica, pues además de la prédica teórica lo que cuenta es el ejemplo.